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Pensamientos Sobre... Ayudar a Dios

La semana pasada reflexionamos sobre las circunstancias difíciles, abrumantes y aplastantes que llegan a nuestras vidas. Durante esos tiempos de desesperación, cuando no sabemos cómo van a terminar las cosas, somos rápidos y diligentes en buscar la ayuda de Dios. Pero ¿qué de las circunstancias “ordinarias” cuando tenemos todas las cosas bajo control? O ¿qué de las veces cuando la respuesta a nuestra pregunta es tan obvia como la nariz en nuestras caras? ¿Somos entonces tan rápidos y diligentes en buscar la ayuda de Dios? Usualmente no. Enfrentados con una situación “sencilla” o con una situación (aparentemente) inofensiva, no solo no buscamos la ayuda de Dios, sino usualmente hacemos lo que podemos para ayudar a Dios.

Examina a David, un hombre conforme al corazón de Dios, en 1 Samuel 22-24. Saúl es el rey de Israel pero como ha rechazado la Palabra de Dios, Dios ha rechazado a Saúl como rey. El reino ha sido dado a un hombre mejor, y ese hombre es David. Saúl sabe que Dios le ha dado el reino a David pero esta tratando de retener por la fuerza aquello que ya no le pertenece. Saúl esta locamente celoso de David, y del favor que éste tiene ante los ojos de Dios y de la gente, y esta decidido a matarlo. Por lo tanto David para salvar su vida, esta huyendo y escondiéndose en el árido desierto al oeste del Mar Muerto.

Mientras se esta escondiendo, los filisteos atacan y saquen un pequeño poblado no lejos de ahí. David es un hombre de guerra, honorable y valiente, quien en repetidas ocasiones ha luchado contra los filisteos y los ha derrotado. ¿Qué hacer, David? Bueno, eso es bastante obvio – ve por esos sucios y despreciables filisteos y rescata al pueblo de Dios, ¿verdad? ¿Es eso lo que hace David? No. En su lugar, David ora. ¿Es él la Defensa de Israel? No. Es Dios. David es el siervo de Dios. Por lo tanto David el siervo fiel busca la voluntad de su Amo antes de ponerse en acción. El Señor le dice a David que sí vaya y David obedece (fíjate en 1 Samuel 23:4 que el Señor no dice, “Ve, tú puedes tomarlos”. El Señor le dice a David, “Ve, que he entregado a los filisteos en tus manos”. Dios es fiel a Su Palabra y le da la victoria a David). Pero ¿qué si hubiera habido una emboscada esperando a David? ¿Cómo habría sabido a menos de que consultara al Señor? Caminar por fe y no por vista es también para nuestra protección.

Mientras tanto, Saúl se entera de que David se encuentra en este pequeño poblado y marcha hacia allá para matarlo. David entonces se entera del plan de Saúl. Esta situación es más angustiante que la primera, pero por otro lado, David acaba de rescatar a esta gente y seguramente lo protegerán de Saúl, ¿verdad? Esa sería una suposición fácil de hacer. Entonces ¿qué hace David? Lo mismo que antes – ora (1 Samuel 23:11-12). Y esto probablemente le salvó la vida. “Señor, ¿es verdad que Saúl viene para acá?” “Sí, David, es verdad”. “Señor, ¿esta gente que acabo de rescatar me entregará a Saúl?” “Sí, David, ellos lo harán”. David oye el consejo del Señor y huye.

Mas tarde cuando David se esta escondiendo en una cueva, Saúl entra en ella y duerme una siesta. Presentándosele esta dorada oportunidad de terminar con el “problema de Saúl” y tomar el trono prometido por el Señor a David, sus hombres lo instan a matar a Saúl. ¿Quién en su sano juicio podría dejar pasar la oportunidad de salvar su vida? Simplemente lo haces, ¿verdad? Entonces ¿qué hizo David? Escuchar al Espíritu Santo en vez de a su carne y/o a sus hombres, David se niega a si mismo y no toca a Saúl porque Saúl es el ungido de Dios. David sabe que Dios hizo rey a Saúl y que sería rey hasta que Dios cumpliera la promesa que le hizo a él.

Podemos aprender valiosas lecciones de David.

1. Un siervo guiado por el Espíritu sabiamente buscará el consejo de Dios en cada situación, aun en aquellas en que la respuesta parece obvia. Un hombre necio siguiendo a su carne supondrá que sabe qué hacer y cómo actuar sin buscar la dirección y sabiduría de Dios. (¿Te viene a la mente la historia de la derrota en Ai, después de una victoria milagrosa en Jericó? En CADA situación – buena, mala o indiferente – nuestra primera respuesta debe ser la oración.

2. Un hombre conforme al corazón de Dios busca al Señor, escucha Su respuesta, y OBEDECE, aun si la respuesta del Señor no tiene sentido según su limitado entendimiento.

3. El siervo de Dios no toma las cosas en sus impacientes manos. Confía en el Señor y espera pacientemente a que el Señor ejecute Su plan perfecto en Su tiempo perfecto. David no le impuso su tiempo o su voluntad a Dios; David se rehusó a ayudarle a Dios tomando las cosas en sus propias manos. ¡Simplemente Dios no necesita nuestra ayuda!

Aprende de David, y de Abraham – no le ayudes a Dios. Abraham decidió ayudar a Dios e ¡Israel aun esta pagando por esa decisión! Busca la ayuda del Señor en todo. Nuestro Padre tiene cuidado de las cosas grandes en nuestras vidas pero Él tiene igual cuidado de cada pequeña cosa también.


Pastor Doug
Proverbios 3:5-6
Juan 15:5




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