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Pensamientos Sobre... El Principio de Dios

El hombre trabaja para obtener y después mostrar orgullosamente, credenciales que establecen su credibilidad y autoridad. Por ejemplo, encontramos las letras “Dr.” adjuntas a muchos nombres en el campo médico. La ingeniería, aseguradoras, y otras profesiones también otorgan las letras de credenciales que certifican el logro individual (“Mto.”, “Lic.”, “Ing.”, “CP.”, etc.). El hombre natural codicia esas letras y se siente muy orgulloso de ellas una vez que las obtiene.

La codiciada “sopa de letras” le da al hombre la falsa impresión de ser autosuficiente, ¡grande y en control! Sin embargo, la sopa de letras sin el Pan de Vida deja al hombre hambriento e insuficiente.

No importa que tan capaz sea el hombre, la vida siempre demuestra ser mucho más grande: un esposo/esposa infiel, divorcio, la muerte de un hijo, un hijo gravemente enfermo o un hijo atrapado en las drogas, una confianza indebida en Wall Street que resulta en la ruina financiera, la pérdida de un trabajo, el cáncer o alguna otra enfermedad terminal, un lisiante accidente automovilístico, o en los tiempos en que vivimos, un ataque terrorista.

¿A dónde va un hombre con credenciales cuando se encuentra cara a cara con una situación que es más grande que sus finitas capacidades?

Al final de lo finito esta el infinito. Al final de uno mismo… esta el principio de Dios.

El Señor dejará que el hombre luche con la abrumadora grandeza de la vida mientras éste quiera tercamente apoyarse en su propia fuerza, entendimiento, inteligencia, habilidades, creatividad, y/o recursos. Pero tarde o temprano, el hombre racional se dará cuenta de que es insuficiente… y de que desesperadamente ¡necesita ayuda! Enfrentando una situación desesperada al final de sí mismo, por fe el hombre racional verá el principio de Dios.

David escribió el Salmo 6 en un tiempo así. Su grito de ayuda, en medio de abrumadoras circunstancias esta escrito con lágrimas, el llanto de un hombre quebrantado y atribulado implorando por la misericordia e intervención Divina. Su ser entero esta afectado, cuerpo, alma, y espíritu. En su miseria, David llega al final de sí mismo… y al principio de Dios, Quien lo libró a través de esas circunstancias.

Josafat, mirando fijamente a insuperables posibilidades, se mantuvo firme al principio de Dios y clamó por liberación. Con el hombre al final de sí mismo, el Dios todopoderoso se mostró a Sí Mismo omnipotente (2 Crónicas 20:1-24, 2 Corintios 12:9-10).

La viuda de un profeta incapaz de pagar sus deudas, llegó al final de sí misma tratando de evitar que sus hijos fueran vendidos como esclavos. En ese lugar de debilidad, el Señor a través del profeta Eliseo, se mostró a Sí Mismo poderoso al multiplicar lo poco que ella tenia para liberarla a ella y a sus hijos (2 Reyes 4:1-7).

Durante el malvado reinado de Acab y Jezabel, el Señor movió a Elías a orar para detener la lluvia por tres años y medio (Santiago 5:17). Durante la hambruna resultante Elías fue enviado a una viuda en Sidón (el pueblo natal de Jezabel 1 Reyes 16:31) quien había llegado al final de sí misma. La viuda caminando por fe pudo ver el principio del Dios Viviente de Abraham, Isaac, y Jacob; Quien mostró Su fuerza a favor de ella (1 Reyes 17:9-16).

Naamán era el Jefe de todo el staff del ejército sirio. Era un gran hombre, honorable y un guerrero poderoso, y un leproso. Aun con sus muchas credenciales y logros, Naamán era un leproso indefenso y sin esperanza. Al final de sí mismo, oyó de una niñita judía sirvienta en su casa, información alentadora sobre una cura por lo cual actuó en fe. Su desesperado viaje lo llevó a la puerta de Eliseo. Con un amable recordatorio de que verdaderamente estaba al final de sí mismo, Naamán continuó su viaje de fe y vio el principio del Dios de Israel Quien era fuerte cuando él era débil (2 Reyes 5:1-15).

Interesantemente Jesucristo mencionó a estos dos gentiles, a la viuda de Sidón y a Naamán, en la primera enseñanza de Su ministerio público (Lucas 4:14-27). ¿Qué es lo que Jesús le estaba diciendo a sus hermanos? Si quieres ver a Dios, llega al final de ti mismo. Es al final de uno mismo que principia Dios porque ahí, y solo ahí, el hombre débil e insuficiente verá la maravillosa fuerza y suficiencia de Dios… y le dará a Él toda la gloria.

Cuando te apoyas en ti mismo logras lo que tú puedes hacer. Cuando te apoyas en oración obtienes lo que Dios puede hacer.

Pastor Doug
Proverbios 3:5-7
Hebreos 11:1-6


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